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Sustentabilidad

16 abril, 2018

Aires de cambio

En tiempos en los que nuestro impacto sobre el ambiente se hace sentir y el cambio climático apremia en la agenda mundial, no todo está perdido: las iniciativas ambientales creativas y con resultados exitosos se multiplican y alumbran el rumbo de un desarrollo humano más sustentable. Aquí, un repaso de las principales problemáticas y soluciones posibles.


Por Tais Gadea Lara

El poder de las renovables

La contaminación del planeta se debe, en gran parte, a un sistema de energía basado –en un 80%– en la explotación de combustibles fósiles, como el carbón y el petróleo. Estos son necesarios para hacer funcionar el transporte, la industria y la vida de los hogares de billones de personas. Pero su uso genera emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) –principalmente el dióxido de carbono (CO2)– y, con ello, el aumento de la temperatura de la superficie de la Tierra. Según datos de la NASA, los años más calurosos registrados en la historia se encuentran a partir de 2000, en paralelo con un estilo de vida atado al hiperconsumo. La promesa de un cambio positivo viene de la mano de las energías renovables, aquellas cuyas fuentes son ilimitadas y pueden regenerarse, como el sol o el viento; además, son menos contaminantes y más baratas.
En la Argentina, desde su promulgación en octubre de 2015, la Ley de Energías Renovables (Ley 27191) establece que para fines de este 2017 el 8% de la energía producida en el país debe proceder de este tipo de fuentes, con vistas a llegar al 20% en 2025. Hoy nos encontramos cerca del 2%. Existen distintos emprendimientos que buscan contribuir a ese porcentaje y campañas de promoción que apuntan a concientizar sobre una mayor eficiencia energética y a evitar el derroche. Una de esos emprendimientos es Sumando Energías, un colectivo de organizaciones y voluntarios que construye colectores solares en barrios vulnerables de la provincia de Buenos Aires para abastecer de agua caliente y luz a sus habitantes. “Promovemos las energías renovables y la reutilización de materiales con los cuales elaboramos los colectores, y trabajamos con las propias familias”, explicó Victoria Lotti, coordinadora de los talleres de Sumando Energías.

www.facebook.com/sumandoenergias
www.ecomujeres.com.ar

Ahí donde empieza todo

El escritor norteamericano Richard Louv definió al “síndrome del déficit de naturaleza” como una enfermedad social que afecta a los niños, es causada por su falta de contacto con el ambiente y provoca síntomas como fatiga, estrés y déficit de atención. La solución, dice Louv, es la vitamina N, por la N de naturaleza. “Niños que se preocupan por la naturaleza se convertirán en adultos que lo continuarán haciendo”, sostiene Al Gore, exvicepresidente de Estados Unidos y activista ambiental, que en su libro más reciente, An Inconvenient Sequel: Truth to Power (“Una secuela incómoda: verdad al poder”), dedica un capítulo a la importancia de trabajar con los más chiquitos.
Durante la infancia, las escuelas son poderosos espacios de concientización. “Juegan un rol central en la formación de ciudadanos inspirados para tener una relación consciente y respetuosa con el ambiente”, dice Damasia Ezcurra, titular de la Unidad de Proyectos Especiales Educación para la Sustentabilidad del Ministerio de Educación porteño. “Educar ‘para’ la sustentabilidad es diferente del enfoque dominante de educar ‘acerca’ de la sustentabilidad”. Desde 2010, el programa Escuelas Verdes de ese ministerio desarrolla contenidos pedagógicos, capacita a docentes y promueve acciones concretas para que los chicos trabajen en la separación de residuos, la creación y el cuidado de huertas, y en los laboratorios de energías renovables.

www.buenosaires.gob.ar/escuelasverdes
richardlouv.com (en inglés)

El sostén necesario

En noviembre de 2015, los principales líderes del mundo llegaron a un consenso en Francia respecto del camino a seguir en la lucha contra el cambio climático. Con el Acuerdo de París, que entró en vigor en diciembre pasado, los países deben reducir sus emisiones contaminantes para que el aumento de la temperatura de la superficie de la Tierra no llegue a los 2 °C en 2100. El peligro de un posible fracaso para alcanzar el objetivo es que, si bien hay algunos mecanismos de control indirecto, no existe un organismo que actúe como juez en caso de que no se cumplan esos objetivos. Si tenemos en cuenta que ese aumento de la temperatura ya supera 1 °C, allí es donde las leyes en el interior de cada nación son fundamentales. Desde su despacho, la legisladora porteña Natalia Persini dice: “Un marco normativo busca establecer políticas públicas a largo plazo, que trasciendan a personas y partidos. La problemática ambiental no se resuelve de un día para el otro y requiere programas y proyectos que generen cambios sustentables en el tiempo”.
El último Estudio sobre Legislación Climática Global de comienzos de este año muestra que desde 1997 el número de leyes y políticas sobre cambio climático se duplicó cada cuatro a cinco años a nivel mundial. En la Argentina, el cumplimiento a la sanción de las leyes, como la de bosques y glaciares, es una de las exigencias de las organizaciones ambientalistas. Persini destaca que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se avanzó con leyes como la de Basura Cero (Ley 1854) y la de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático (Ley 3871). “Los seminarios, charlas y congresos abiertos a la comunidad permiten aumentar la toma de conciencia que tanto necesitamos”, agrega.

La escala humana de las ciudades

Las ciudades representan el 2% de la superficie del planeta, consumen el 78% de la energía mundial y producen más del 60% del total del dióxido de carbono, según las cifras del programa ONU-Hábitat. “El principal desafío de las grandes urbanizaciones es la gentrificación, ese proceso que se da cuando el valor de las propiedades, regido por el mercado inmobiliario, expulsa a los viejos propietarios y, con ello, la identidad de cada barrio”, explica Carolina Huffmann, arquitecta y fundadora de Urbanismo Vivo, un colectivo argentino que promueve la discusión y el activismo urbano a través de caminatas y charlas.
Las grandes ciudades hoy buscan la planificación urbana con inclusión social, promoción de la movilidad sustentable y desarrollo de fuentes renovables de energía. La iniciativa C40, por ejemplo, es un Grupo de Liderazgo Climático que conecta a más de ochenta ciudades que trabajan en pos de la reducción de sus emisiones y su adaptación a los efectos del cambio climático. “No hay que trabajar en las ciudades viéndolas desde un helicóptero; hay que planificar a escala humana, que es la que nos permitirá mejorar la calidad de vida”, aseguraba en su última visita a la Argentina Jan Gehl, reconocido arquitecto danés. Fue su esposa la que le cuestionó por qué en las facultades de Arquitectura no se enseñaba nada sobre las personas. Esa inquietud generó el concepto de “ciudades para las personas” que hoy se aplica en metrópolis como Copenhague y Londres. ¿De qué se trata? De disminuir el uso de autos y promover la movilidad de las personas a través de la caminata, la bicicleta, los subtes, colectivos y trenes. Según los principios de la urbanista Jane Jacobs, Carolina Huffmann organiza caminatas por las calles porteñas para redescubrirlas, cuidarlas y volver a sentirlas propias.

facebook: UrbanismoVivo
www.c40.org (en inglés)

Comida consciente

Más de 795 millones de personas sufren hambre en un mundo en el que, paradójicamente, se desecha más del 30% de los alimentos que se producen. Los datos globales de la ONU se reflejan también en los del Ministerio de Agroindustria de la Nación y el Observatorio de la Deuda Social de la UCA en la Argentina: las cifras locales nos dicen que, mientras que se desechan 16 millones de toneladas de alimentos por año, el 4,4% de los hogares argentinos pasa hambre. A ello se asocia una pérdida de la biodiversidad de casi el 75% en los campos, en la búsqueda por producir más en el menor tiempo.
Una buena noticia proviene, en este caso, del Programa Nacional de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos. Allí se trabaja en la promoción de buenas prácticas con los productores, como el uso sostenible del suelo y un mayor aprovechamiento de las cosechas. La campaña “No Tires Comida” es un ejemplo de trabajo conjunto entre el ministerio, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés) y dos empresas, Carrefour y Unilever, para llevar información directa a los consumidores. Así, desde un trabajo multisectorial, se busca cada vez más generar conciencia en los ciudadanos sobre la importancia de una alimentación consciente: qué comemos, a quién le compramos, con qué impacto. Estas tres preguntas se hizo Mariela Rodríguez, creadora de El Mercadito, una iniciativa independiente que, a través de un contacto virtual, promueve el consumo responsable a través de la venta de yerba, mermelada, aceite y té: “Buscamos productores locales de pequeña escala para ofrecer alimentos verdaderos sin aditivos y a un precio justo para ambas partes”, dicen. En su sitio web, el chef y periodista Pablito Martín ofrece recetas para cocinar con más variedad de vegetales y para aprovechar mejor los ingredientes.

www.agroindustria.gob.ar
www.instagram.com/mercado_av
www.pablitomartin.com.ar

Aliados privados

El sector privado es uno de los principales emisores contaminantes. Con variaciones según la industria, el sector y el rubro, aportan negativamente a los problemas ambientales más acuciantes. Pero la concientización también llegó al interior de las oficinas y la sustentabilidad empezó a ser una preocupación de los ejecutivos, que vieron que tomar decisiones más conscientes no solo era necesario para la salud planetaria, sino que además podía mejorar la rentabilidad de los negocios. Las denominadas “empresas B” ya nacen según una premisa de impactar positivamente en lo social, lo ambiental y lo económico. Hoy hay más de 2500 en el mundo, 250 en América Latina y 50 en la Argentina.
Nacionales o extranjeras con sede en el país, en la Argentina ya son varias las compañías que están virando hacia la concientización. Una de ellas, Burt’s Bees –fruto de la idea de un apicultor que descubrió en Estados Unidos el poder de las abejas– desarrolla productos de belleza con un 99% de ingredientes naturales, desde la raíz hasta la corteza, desde el tallo hasta la flor. En cuanto a empresarios cien por ciento argentinos, la empresa San Miguel certificó su producción de cítricos como “ProductoYungas”, es decir, un sello que reconoce que los alimentos se generan protegiendo los bosques nativos y garantizando la conservación de la biodiversidad de las Yungas. “Con el ‘Programa Paisaje Productivo Protegido’ estudiamos y preservamos los bosques nativos en nuestras fincas de Tucumán, haciendo un uso responsable del suelo y produciendo de un modo sustentable”, explica Lucas Méndez Trongé, director de Relaciones Institucionales y Sustentabilidad de San Miguel. Desde esta compañía, comprendieron la trama natural del ecosistema y concluyeron que la protección de la selva era igualmente proporcional a la de sus cultivos.

sistemab.org
proyungas.org.ar

El aporte nuestro de cada día

Pequeños cambios de hábitos que no requieren demasiado esfuerzo pueden ser, sumados a una masa crítica de gente que también los practique, una ayuda significativa para el cuidado de la Tierra. ¿Por dónde podés empezar?
♥ Usá los recursos, como el agua y la energía eléctrica, de forma eficiente. Es decir, solo cuando los necesites y en la menor cantidad posible. Evitá el derroche.
♥ Elegí vías de movilidad menos contaminantes, como la bici y el transporte público. Dejá el auto para recorridos extensos.
♥ Optá por alimentos locales que ayudan a economías regionales. Planificá tus comidas, así planificás mejor tus compras. Reducí el desperdicio.
♥ Aplicá la eficiencia energética en tu casa y la oficina. Aprovechá la luz del sol y encendé las luces solo cuando sea necesario.
♥ A la hora de comprar, elegí aquellas marcas que aplican la responsabilidad en sus procesos.

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