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19 Abril, 2017 | Por

Adonde el sol te lleve

Un día ella dejó la ciudad para vivir en el campo, en un viaje hacia sus más profundos anhelos. Allí, la naturaleza y la belleza marcan el compás de una nueva forma de estar y, fundamentalmente, de pensar y de mirar la vida.


Al costado de la ruta el horizonte es una fuente inagotable de verdes, ocres y dorados. Pilar Luna conduce sin prisa. Lleva su casa rodante detrás y en su coche suena una vieja canción, una de esas que escuchaba cuando todavía vivía en Buenos Aires. Ahora es distinto: no hay vidrios cerrados, edificios ni bocinas que, al sonar, escapen de ese simple guiño amigable y rutero que conoce bien.

El viento despeina su pelo a través de la ventanilla baja y ella siente el ligero impacto del otoño como un cosquilleo en la nariz, o como esa bocanada de aire fresco que ingresa a su cuerpo cada vez que decide respirar hondo el olor de los campos que atraviesa. Un pájaro pasa apurando el vuelo para alcanzar al resto de la bandada, el sol se apaga a lo lejos… Ah, rituales perfectos de la tarde.

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“Hace seis años que dejé la ciudad”, me dice Pilar Luna, de 36, porteña de nacimiento; hoy apenas un retrato difuso de aquella chica “a mil” que supo ser tiempo atrás. A treinta kilómetros de la ciudad de Bolívar, su casa es refugio familiar, pero también espacio de trabajo y encuentro con la naturaleza. Y es en ese viejo casco abandonado que recicló junto a su marido donde pasa los días, criando a sus dos hijos y trabajando en un proyecto que la tiene tan ocupada como feliz: Luna in viaggio, su emprendimiento de decoración y manufactura de objetos que la lleva de pueblo en pueblo para convidarse.

Pilar sale todos los meses por las localidades vecinas –flyer en las redes sociales mediante–, y una vez en el punto acordado, planta bandera desplegando el toldo de su motorhome. Lleva limonada casera y siempre una nueva creación, aunque los clásicos terminan imponiéndose: sus románticas carpas para niños, las lámparas de lana, unas sillitas de conejos que son puro amor.

La gente va llegando con el mate, una silla y también con algo para comer y compartir. Hacia el mediodía, la fiesta recién habrá comenzado y quedará por delante la charla, las sensaciones íntimas, el saberse por fin en el lugar correcto. Todos tienen algo para contar y dice Pilar que aprende mucho escuchando a los más viejos del lugar. Historias que luego juegan en su cabeza, se hilvanan y arman nuevos collages de recuerdos y de ideas que serán inspiración y sosiego.

Mirá sus creaciones y compartí experiencias de viaje en www.lunainviaggio.com

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Luna in Viaggio, deco y estilo de vida

Por Pehuajó, Daireaux, Henderson, ella anda. Vendiendo sus creaciones y buscando objetos desechados en la basura para reciclar. “Todos vienen con muchas ganas de descubrir cosas nuevas y de pasar un rato juntos. La vida de pueblo es una puesta en común permanente”, señala Pilar, quien se recibió de maestra de Inglés y de psicóloga, y durante años supo llevar el trajín de la vida urbana uniendo sus polos opuestos: de mañana enseñaba a los nenes de sala de 5; de tarde acompañaba a chicos en su camino de rehabilitación en la comunidad terapéutica Fundación San Carlos.

Hasta que en 2010 Francisco, su flamante marido, le habló de esa linda propuesta de trabajo para la que debían mudarse al campo. Entonces partieron. Los hijos llegaron después: Carmela y Ramón, de 5 y 3 años, van y vienen por el jardín sin alambrar. Y aunque no hay familiares a la vista ni amigos que vivan cerca, Pilar igual se siente acompañada. “En el campo la solidaridad es enorme, hasta en las cosas más pequeñas”, dirá. Porque además siempre hay quien, manejando con rumbo al sur, se detiene para saludar. “Quienes andan por la ruta 5 o la 205 pasan, frenan y duermen en casa. Son amigos, padres de amigos, amigos de amigos… ¡Nos encanta recibirlos a todos!”.

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Afuera, sus hijos disfrutan en la casita que armaron juntos con los materiales que mamá rescató de un basural. Ella los mira. ¿Qué ve? “Pienso en lo lindo que debe de ser para ellos crecer así de felices”, y lo dice con una enorme sonrisa.

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