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Artes

18 enero, 2019

Adiós, querida Mary Oliver

Ayer, a los 83 años, partió la enorme poeta estadounidense, quien supo retratar como nadie su asombro ante la naturaleza. La despedimos con todo nuestro agradecimiento por el enorme legado que nos dejó: la sabiduría de sus palabras.


¿Cómo escribir de alguien que representó, para mí y para tantos, un conducto a la felicidad tan seguro como el cielo, el aire o los mil y un pájaros que salían de su pluma? ¿Cómo hacerle honor, con palabras, a quien fue la artesana de tantas imágenes perfectas, pulidas como piedras de río? ¿Cómo contarles, a quienes no conocieron a la inusitada Mary Oliver, la conjunción imposible de maravillas que vivían en su poesía?“.

Hemos tomado prestadas estas palabras de nuestra querida compañera Fabiana Fondevila, lectora ferviente de sus poemas y traductora también de muchos de ellos (por el simple gusto de hacerlo, de acercarnos su prosa maravillosa y, además, porque de otro modo no todos se pueden leer en en una buena traducción al español), quien eligió despedirla en un hermoso y sentido post titulado Gracias por el asombro.

Quienes saben de mi amor por ella muchas veces me preguntaron por qué no procuraba entrevistarla (no daba entrevistas, salvo milagros), ser su traductora, acercarme de una u otra manera. Lo cierto es que nunca me hizo falta. Me colmaba saberla ahí, atravesando el bosque a solas, con la libreta pequeña embutida en el bolsillo, enmudeciendo por horas a la espera de aquel ciervo, conversando con las ranas del estanque, cambiando cualquier galardón por un atisbo más de ese zorro gris“, escribe Fabiana acerca de la autora de Dog Songs, Felicity y Our World, entre otros títulos.

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Ganadora del premio Pulitzer en 1984 en la categoría de Poesía por American Primitive y también del premio Nacional del Libro en 1992, Mary Oliver supo explorar como nadie el estrecho vínculo que existe entre naturaleza y espiritualidad, reflejando la magia en cada palabra.

¿Su método de escritura? Simple. Caminar, contemplar y asombrarse frente a la belleza del mundo. Abrazar la soledad y el silencio, en pos de una conexión íntima con el alma. Invitarnos a un viaje sutil y profundo lleno de pájaros y de flores. Sanar viejas heridas a través de las palabras, como esa –tan dolorosa– que, tiempo atrás, confesó en una entrevista: el abuso del que fue víctima cuando era niña.

Un lugar para el asombro


El pájaro rojo (Caleta Olivia), fue publicado en 2017. Con prólogo de María Teresa Andruetto, se trata de una de esas buenas traducciones (que no abundan) para tomar contacto con esta enorme poeta. Textos bellos, potentes, donde refuerza una vez más su amor por la naturaleza y una profunda empatía con todos los seres vivos. Llamada a dejarse conmover por aquello que existe, conmueve a su vez en su decisión de celebrar y sentirse parte del mundo. Economía de recursos para hacer eso que siempre supo hacer magníficamente: plasmar una sabiduría esencial y cercana a la vez.

Instrucciones para vivir la vida:

Prestar atención.

Rendirse al asombro.

Contarlo.

Ese es el poema de Mary Oliver que da comienzo al libro Donde vive el asombro. Prácticas para cultivar lo sagrado en la vida cotidiana, de Fabiana Fondevila, donde la escritora, periodista e investigadora de las tradiciones de sabiduría recorre y comparte propuestas para volver a ver, apreciar y celebrar lo sagrado en los pequeños sucesos de cada día.

La alegría de abrir los ojos al despertarnos, ¿no es acaso uno de esos magníficos acontecimientos?

Ayer, a sus 83 años, los ojos de Oliver se cerraron. Seguramente entre libros y recuerdos de una vida donde la poesía fue la pieza clave para dar sentido al gran misterio que nos rodea. Sin duda llevándose la belleza de todo lo contemplado con el espíritu.

Por eso nos sumamos a esta adiós que, en cada rincón del mundo, refleja la gratitud de todos sus lectores e invita a seguir leyendo sus textos, como el que te compartimos a continuación. Lugares sagrados donde Mary vivirá por siempre.

Cuando llegue la muerte

Cuando llegue la muerte

como el oso hambriento en otoño,

cuando llegue la muerte y se lleve

todas las monedas brillantes de mi cartera

para comprarme, y cierre la cartera

de un golpe,

cuando llegue la muerte

como la viruela,

cuando llegue la muerte

como un témpano entre los omóplatos,

quiero atravesar el umbral llena de

curiosidad, preguntándome:

¿Cómo será esa cabaña oscura?

Y, por tanto, lo miro todo

como a una hermandad de hombres y mujeres,

y veo al tiempo como apenas una idea y

considero a la eternidad como otra posibilidad.

Y pienso en cada vida como una flor

tan común como una margarita del campo,

y tan singular.

Y cada nombre como una música confortable

en la boca, que tiende,

como toda música, al silencio.

Y cada cuerpo un león de coraje,

y algo precioso para la tierra.

Cuando termine, quiero decir:

toda mi vida fui una novia casada con el asombro,

fui el novio, levantando el mundo en mis brazos.

Cuando termine, no quiero preguntarme

si hice de mi vida algo particular,

y real.

No quiero encontrarme suspirando y asustada,

y llena de argumentos.

No quiero terminar simplemente

habiendo visitado este mundo.

Mary Oliver

ETIQUETAS espiritualidad Mary Oliver naturaleza poesía

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