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Reflexiones

9 agosto, 2018

A la luz del día después

El dirigente justicialista Ricardo Romano publicó esta mañana una columna donde refiere a la lucha espiritual que hoy se está librando en la Argentina y donde analiza quiénes ganaron y quiénes perdieron luego del rechazo del Senado a legalizar el aborto.


“Quién ganó y quién perdió” se llama la columna que, en la mañana de hoy, y luego de que el Senado rechazara la legalización del aborto, compartió con el diario Infobae el dirigente justicialista Ricardo Romano, ex Subsecretario general de la Presidencia y ex vicepresidente de la Internacional Demócrata de Centro (IDC).

Compartimos a continuación el texto completo, donde el autor reflexiona sobre la lucha espiritual que hoy se está librando en la Argentina, en el marco de un debate que trazó una grieta en nuestra sociedad y requiere de una mirada profunda: la necesidad de pensar en soluciones reales para el drama de los embarazos no deseados.

Por 38 votos a 31, los senadores dieron marcha atrás con el proyecto que en junio obtuvo media sanción en Diputados y por esa razón no podrá volver a ser tratado en este año parlamentario. Sin embargo, nadie puede desconocer que el debate permitió comprender que se necesita construir nuevas respuestas y, en conjunto, velar por la educación, la contención y el respeto por el otro.

Quién ganó y quién perdió (*)

“En su libro La Civilización puesta a prueba, el historiador Arnold Toynbee (1889-1975) predijo que las principales disputas que se suscitarían en el mundo serían de carácter espiritual. Destaca que el mecanismo de incitación y respuesta es lo que mantiene vivas a las civilizaciones y pone el ejemplo del Fausto de Goethe en el que Mefistófeles desafía a Dios, después de que éste ya había creado todo, y donde Dios cavila pues piensa que, de aceptar el desafío, puede reconocerse de hecho la existencia del mal, pero que si no lo acepta puede sospecharse que es por debilidad.

Finalmente Dios acepta el desafío y lo vence.

Este mecanismo de incitación (Mefistófeles) y respuesta (Dios) es lo que Toynbee afirma que mantiene viva a las civilizaciones. Y si hay un hecho que puso de manifiesto lo providencial del pensamiento de este historiador es lo sucedido en las últimas semanas en nuestro país, donde el sistema de poder mundial desafió a nuestra raíz cultural fundante y se chocó con la Argentina.

¿Quiénes ganaron y quiénes perdieron en este choque?

Perdieron, en primer lugar, todos aquellos que quisieron reivindicar el aborto como un derecho, mientras suponían que el derecho a la vida, en lugar de ser defendido, debía ser sometido a debate en nombre de la democracia.

Perdió la gran mayoría de los Organismos Multilaterales de Crédito que sostenían políticas de control de la natalidad en países con grandes recursos naturales no renovables y poco desarrollo (Protocolo Kissinger-Mac Namara), Fundaciones como la IPPF (International Planned Parenthood Federation), denunciada por el Congreso de EEUU por tráfico de órganos y tejidos de bebés abortados, Fundaciones como la de Soros, la de Bill Gates, la de Rockefeller o la Ford, la ONU, la Organización Mundial de la Salud (Sic), GreenPeace, Hollywood y gobiernos de países que financiaron estas políticas en grado tal que hasta organizaron un “aguante” en las principales capitales del mundo, desde Londres hasta San Pablo, y hasta financiaron la contratapa del New York Times con notas e imágenes a favor del aborto.

También Amnesty International y su filial argentina; también el CELS (Verbitsky) y otros organismos de derechos humanos -por acción u omisión-, y todas las terminales y monopolios mediáticos de Freedom House en el país, que tergiversaron cifras y mintieron descaradamente pintados de “verde”, color con el que la oligarquía malthusiana identifica las políticas que tienen por objeto desnaturalizar a la especie humana como raza.

Perdió la ideología de la eugenesia social que, escudada en una falsa compasión, no encuentra mejor “solución” a la pobreza que eliminar a los niños pobres en el vientre de sus madres.

Perdió también la clase “tilinga”; perdió el “duranbarbismo” y perdieron los legisladores que, producto de su relativismo, escepticismo o individualismo, vendieron sus convicciones por promesas de protagonismo mediático para futuras candidaturas o apoyos financieros para engrosar “las matemáticas de su egoísmo” (J.V.Gonzalez).

¿Y quiénes ganaron? La Argentina profunda, la Fe del pueblo que a través de sus Iglesias movilizó millones de personas en todo el país, en todas las rovincias y en numerosas ciudades. La Academia Nacional de Medicina que fundamentó científicamente que hay vida desde la concepción. La Academia Nacional de Derecho y el Colegio Público de Abogados que argumentaron el carácter inconstitucional del aborto ya que nuestro ordenamiento jurídico está estructurado para tutelar la vida desde la concepción.

Ganaron la ciencia y la fe, ya que en esto van de la mano, más allá de los esfuerzos de algunos por cavar una grieta entre ellas.

Ganaron los legisladores que no renunciaron a defender valores; y los periodistas que, en franca minoría, no se amedrentaron ante nada en defensa de la verdad.

Los curas villeros, que comparten cotidianamente el destino de las mujeres más pobres.

Los artistas, intelectuales y dirigentes políticos y sociales que dieron plafón a la vida aun frente a la descomunal ola mediática en radios, diarios y televisión, donde se promovía que matar argentinos por nacer significaba dar nuevos derechos a la mujer.

Ganó la profesión médica, a la que se quiso desvirtuar en su esencia y misión.

Ganó la Argentina profunda, la que no reniega de sus raíces para plegarse a las modas y a la corrección política.

Ganaron los que, como el diputado Luis Contigiani, sufrieron persecución por ser consecuentes con sus ideas.

Ganaron también algunos de los portales más visitados en la web porque habilitaron la expresión de la diversidad de ideas.

Finalmente, “ganó” Mauricio Macri, porque la responsabilidad de los Senadores que inclinaron la balanza en defensa de la vida lo exceptuó de que quedase en evidencia que el veto que utilizó para defender su política tarifaria o para habilitar a su familia y a sus ministros a beneficiarse del blanqueo, pasando por encima de la ley votada por ambas Cámaras del Congreso, no lo iba a utilizar para defender un valor supremo: la vida de la persona humana”.

* Por Ricardo Romano para Infobae

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