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Rescate

24 mayo, 2018

25 de mayo: un recorrido revolucionario

En esta fiesta patria, una propuesta para visitar espacios de Buenos Aires del siglo pasado, que se mantienen como en aquel entonces. Testimonio de un pasado que sigue vivo entre nosotros y que podemos visitar para celebrar los 208 años de la Revolución de Mayo.


Por Sabrina Bereciartua

Se acerca la fecha en la que, hace más de doscientos años, un grupo de señores, en un rapto de insurgencia casi inconsciente, dijeran basta a la tutela española y formaran una pequeña Junta para gobernarse sin rendir cuentas más que a sí mismos y a sus compatriotas. Mientras tanto, la ciudad, sus calles, sus casas y sus esquinas miraban correr a los criollos de acá para allá, forjándose un nuevo destino, libre e independiente.

Todo cambió, pero algo queda del escenario de entonces: viejísimas casas y edificios repartidos por los barrios porteños, amontonados sobre todo en San Telmo y otras zonas a orillas del río. Estos rincones fueron testigos de las damas de miriñaque y peinetón de carey, y de los pantalones ceñidos y botas altas de los caballeros de principios de siglo XIX. Escapando un poco a los sitios icónicos de siempre, les traigo algunos que estaban ya de pie mirando como este pueblo iba dando el paso revolucionario gracias al cual Argentina asomaba como país.

Sagrado secreto  

A pasos de Plaza de Mayo, donde todos corren en medio del trajín oficinesco diario, el convento San Ramón Nonato encierra un oasis impensado a pasitos de la Rosada. Tiene un patio custodiado por fabulosas palmeras y en la galería se puede almorzar con esta vista de lujo. También funcionan algunos anticuarios y, por supuesto, una capilla. Durante las invasiones inglesas, el convento fue ocupado por las tropas defensoras, y sus paredes también albergaron a los criollos que, liderados por Cornelio Saavedra, querían deponer al virrey. Hoy el convento ya no es testigo de grandes hazañas como aquellas. Pero, tan generoso como entonces, regala almuerzo caserito y económico, servido por mozos diligentes y ligerísimos.

El Convento Grande de San Ramón Nonato queda en Reconquista 269.

Antigua Tasca de Cuchilleros  

Ya estaba en pie para 1730. Fue testigo de nuestro país aun en gestación mucho antes de 1810. Un rincón de la casa, el de Margarita, nos cuenta una historia de amor. Allí la joven fue recluida por su padre, el sargento Oliden, ya que estaba prometida en matrimonio a Cuitiño, jefe de la Mazorca del General Juan Manuel de Rosas. Ella, enamorada del payador Juan de la Cruz Cuello, huye con su poeta por unos pasadizos secretos que pasaban por debajo de los baños de la casa y desembocaban en la Iglesia de Nuestra Señora de Belén.

Pero cuando los prófugos llegaron a la localidad de Luján, fueron alcanzados por las fuerzas de Cuitiño. Magdalena recibió un balazo y fue trasladada hasta la casa de sus padres en la calle Carlos Calvo, donde finalmente murió. La casa es lindísima, pero lo que más me gusta es el patio. Recuerdo haber comido allí hace muchos años. No tenía idea entonces de la historia ni de la edad de la casa, pero quedó su recuerdo intacto, como esas sorpresas que tiene la ciudad para darnos de vez en cuando.

Está en Carlos Calvo 319, San Telmo.

El arte de recuperar nuestro patrimonio  

Recuerdo que hace ya varios años, me encontré con Ato Menegazzo, hoy gran artista del papel (se recomienda visitar sin pestañar sus mundos marmolados en www.atomenegazzo.com.ar), quien entonces trabajaba en esta papelera familiar. Ato me contó que su papá, quien se encontraba remodelando una vieja casona en San Telmo, donde pensaba abrir un espacio de arte (y del papel también), había devenido en una especie de arqueólogo de la noche a la mañana tras un fenomenal hallazgo en los cimientos de la casa.Me contó esto al pasar, pero quedó grabado en mi memoria el sabor del descubrimiento, de ese mano a mano con el pasado en el piso de tu propia casa. Maravilloso. Un recuerdo que se mezcla de seguro con otros de Indiana Jones y de Elige tu propia aventura.

Esa casona de la calle Venezuela −donde funciona la galería de arte Wussmann− había sufrido varias reconstrucciones y remodelaciones hasta llegar a su fisonomía actual. Pero debajo del piso de la casa, aún se conservaban intactos un aljibe y una cisterna para recoger agua de lluvia que databa de 1780. Al parecer pertenecían al entonces fondo de la casa, donde se desplegaba un paisaje criollo de caballos, gallinas y aljibes. La galería de arte es bellísima y tiene, en el piso de la librería que allí también funcionaba, espacios vidriados que permiten ver las piezas descubiertas y recuperadas con esfuerzo. Arte, papel y vestigios coloniales. Un lujo.

Wussmann galería de arte,Venezuela 570.

Volver a España

Rotas las cadenas desde 1810, ¿por qué no disfrutar por estos tiempos de una buena paella a la valenciana o de una auténtica tortilla española? La Robla ofrece el menú típico español, pero además en su salón pueden verse dos antiguos pozos que funcionaron como depósito de agua en la Buenos Aires de 1800 y fueron descubiertos por casualidad durante el reciclaje del viejo edificio. “Se estima que formaban parte de un paisaje de quintas frutales; ahora se destacan, iluminados, entre las mesas y la barra de quebracho del bar, rodeados de los pequeños fragmentos que aguardan ser catalogados y expuestos al público. Los expertos precisaron que los habitantes los utilizaban para acumular agua que se extraía con baldes, al estilo de un aljibe”, cuentan los dueños del lugar.

¿Dónde? En la esquina de Medrano y Costa Rica. 

*Estudió filosofía, escribe desde muy chica y también pinta. Movida por una curiosidad irrefrenable se dedica a recorrer los barrios porteños en busca de nuevas historias, música, arte y rincones milagrosos. 

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